Mientras desde Palacio aseguran que la seguridad “va mejorando”, en la Cuenca del Papaloapan literalmente se desató una escena de guerra.
Un convoy de al menos 20 camionetas con civiles armados sembró el terror en la zona de Gabino Barreda, entre Cosamaloapan y Tres Valles, tras operativos realizados por fuerzas federales y estatales. Balaceras, persecuciones, poncha llantas, carreteras bloqueadas y automovilistas atrapados en medio del fuego cruzado.
Y mientras los ciudadanos corrían buscando dónde esconderse, el gobierno volvió a aplicar la receta favorita: hermetismo total.
Ni cifras claras.Ni detenidos confirmados.Ni explicación oficial de qué fue exactamente lo que decomisaron para provocar semejante reacción criminal.
Lo más delicado es el mensaje que queda: grupos armados desplazándose en convoy por carreteras federales como si fueran dueños del territorio.
Porque una cosa es realizar operativos espectaculares para presumir resultados… y otra muy distinta es tener control real del estado.
La violencia en Veracruz ya no se oculta con conferencias mañaneras ni boletines maquillados. Ahí están las imágenes, los testimonios y el miedo de la gente que quedó atrapada entre las ráfagas.
Y mientras la administración de Rocío Nahle presume obras, festivales y discursos de transformación, en varias regiones del estado la delincuencia sigue respondiendo con balas.
Veracruz no necesita propaganda.Necesita seguridad verdadera.
























