
*Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez*
*XXXIII ORDINARIO/C 1.- YA VIENE PARA USTEDES (Mal 3,19-20).* El profeta Malaquías ha reaccionado contra una práctica corriente en el ambiente del templo, que consiste en presentar ofrendas impuras y sacrificar animales con defectos, en clara desobediencia a lo prescrito por Levítico 22,18-25. A todo esto ha de sumarse el descaro imperante, al punto que ya no se reconoce la ofensa hecha a Yahvé; si Él es Padre, merece la honra, si Él es el Señor, ¿dónde está el temor? Por esta razón al anunciar el día del Señor, el día de su manifestación, el profeta anuncia castigo para los que transgreden la ley, para los que no la pusieron en práctica. Pero por otro lado, también habla de salvación para los justos, para los que permanecieron fieles a la alianza y no quebrantaron la ley. En este sentido, podemos decir que más que hablar de un castigo, Malaquías invita a la conversión para que cuando el Señor se manifieste, todos nos alegremos con la salvación que nos trae. *II.- TESTIMONIO DE MÍ (Lc 21,5-19).* Nos encontramos ya próximos al final del Evangelio según san Lucas y Jesús quiere plantear un tema que ha confundido a muchos y, en consecuencia, se han quedado fuera de la salvación: la confianza de los habitantes de Jerusalén en el hecho de que el templo esté en la ciudad santa y por eso creer que no les pasará nada; eso significa que no tienen necesidad de conversión ni de salvación, puesto que el templo está entre ellos. Por esta razón Jesús invita a pensar en la necesidad de decidirse y adoptar una posición ante lo que permanece, ante lo que no termina. El templo desaparecerá, la tierra será destruida, el cosmo llegará a su ocaso ¿qué queda? Sólo Dios permanece y sólo Él es eterno, por lo tanto, se hace necesario que busquemos al Señor, que lo escuchemos y nos convirtamos en sus testigos. El mundo ofrece cosas, no solamente diferentes, sino también contrarias a Dios y a su proyecto de salvación, pero si nos mantenemos firmes, conseguiremos la vida. Él vendrá en nuestra defensa, sólo tenemos que ser testigos de su amor. *III.- YA SABEN CÓMO DEBEN VIVIR (2Tes 3,7-12).* San Pablo ha ayudado a la comunidad a reflexionar sobre la obra de Dios en la vida de cada discípulo; han conocido la salvación realizada por Cristo y han aceptado esta vida nueva que nos ha convertido en hombres nuevos a la medida de Cristo, hijos de Dios por la gracia. Ahora es el momento de vivir de acuerdo a nuestra verdad: somos la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios en virtud de nuestro bautismo, templos del Espíritu Santo por nuestra Confirmación y dedicados a trabajar en paz para el Reino de Dios. *Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez*

















