Primero el discurso incendiario. Después la guillotina administrativa.
En el sur, hay presidentes municipales que ya no gobiernan con leyes, sino con impulsos y escarmientos públicos. Basta un señalamiento, un rumor de pasillo o el ruido de las redes para convertir a trabajadores en culpables sin juicio, sin pruebas y sin derecho a defenderse.
El alcalde del sur decidió despedir a madre e hija para presumir “mano dura”, como si la justicia fuera espectáculo y él un emperador moderno repartiendo castigos ejemplares desde el palacio municipal.
“No tolero burradas de nadie”, sentencia el edil… aunque parece que tampoco tolera el debido proceso, la presunción de inocencia ni la prudencia jurídica.
Porque una cosa es investigar y otra muy distinta es usar el linchamiento mediático como política pública.
Hoy fueron ellas. Mañana puede ser cualquiera que incomode, cualquiera señalado, cualquiera sacrificado para alimentar el aplauso fácil.
Y cuidado: quien gobierna desde el exceso termina atrapado en sus propios abusos.
Porque en política, el que juega a ser Herodes suele acabar perseguido por sus propias decisiones.Acúseme de sentirme Herodes.”

















