
A rio revuelto ganancia de abogados. Y es que las mejores firmas civilistas del país se encuentran trabajando a marchas forzadas, a raíz de las versiones epistolares que llenan las pantallas y las columnas de los diarios. Los apoderados reviven sus viejas glorias, sacudiendo el polvo de los estantes que guardan tomos completos sobre demandas y pleitos. Y es que de buenas a primeras nos despertamos con video filmaciones clandestinas y otro día con historias copiadas de alguna denuncia obtenida por el departamento de “quien sabe cómo”. Ya lo dijo don Ricardo Anaya, que va con todo, amagando con demandar por daño moral a quien tuvo la osadía de agraviar su sacrosanto nombre. Con todo respeto, creo que con esas partituras, la música se oye mal, y es que una cosa es decir y otra demostrar. Suponiendo sin conceder que Ricardo Anaya demande el daño moral contra quien lo haría? Si va contra Lozoya el testigo estrella, este no ha hecho más que cumplir con un deber establecido en el código nacional, denunciar hechos con apariencia de delitos. No hay manera de probar que Lozoya, filtró las declaraciones que dormían en el cajón del fiscal a cargo. No se ve cómo va a lograr lo indemostrable, pues si a letra nos vamos, es incuestionable el criterio legal que establece el máximo tribunal; en el sentido de que el daño moral, por su afectación al honor en su vertiente de buena reputación, no goza de presunción, sino que debe acreditarse. Amén de que un dicho así, debe abordarse con palillos chinos, por las complicaciones que su adecuación trae consigo. Bueno pues mientras esto sigue así, hagamos un espacio para seguir la zaga de la guerra entre tirios y troyanos, y esperar las nuevas versiones de pactos, filtraciones, berrinches y componendas. Así las cosas.



















