*XXXII ORDINARIO/A. I.- PRUDENSIA CONSUMADA (Sb 6,12-16).* El texto que hoy nos ocupa, canta una cualidad o atributo de Dios, aquella sabiduría que Salomón pedirá en el capítulo 9, cuando acude al santuario de Gabaón (cfr. 1Re 3,6-9). La sabiduría tiene varias características: es radiante e inmarcesible, pues es divina; se contempla fácilmente; se deja encontrar; se adelanta para darse a conocer. Con esto se indica que la sabiduría divina es participada a los humanos, sólo hay que darle el primer lugar para que nuestro corazón busque y ame la justicia y la verdad para, así, alcanzar la prudencia, que es la virtud que facilita una reflexión adecuada, tomar una decisión acertada de acuerdo con criterios rectos y verdaderos; es necesaria para ser justos, para vivir la caridad, para servir eficazmente a Dios y a todas las almas; se le llama “madre de las virtudes” porque se trata de discenir, de tener criterios, de enjuiciar y decidir. Por esta razón, al ejercitarla, estaremos libres de preocupaciones y ella colabora en todos nuestros proyectos. *II.- ESTÉN PREPARADOS (Mt 25,1-13).* La parábola del mayordomo de 24,45-51, encuentra una especie de aplicación en la presente parábola; el mayordomo será juzgado sobre el modo como ha cumplido su misión. También aquí predomina la actitud “de espera”, con el mismo matiz de no saber ni el día ni la hora en la que llegará el esposo a quien ellas están esperando; el hecho de no saber exige de cada una la vigilancia, es decir, la lámpara encendida que indica que están listas para esperar el tiempo que sea necesario, por eso se preparan para que la lámpara no se apague y puedan entrar con él al banquete de boda. Las lámparas apagadas, en cambio, indican que no están listas y, en consecuencia, no entrarán al banquete como las otras cinco; cierto que fueron a comprar aceite para sus lámparas, pero ¿qué pasaría si el aceite fueran las obras de caridad?, ¿dónde lo venden?, ¿podremos comprarlo? No entrarán porque el dueño de la casa no las reconoce; así es el efecto del pecado en la criatura que ni su Creador la reconoce. De ahí la exhortación final “Estén preparados”, porque lo importante no es el cuándo, sino el cómo nos encontrará. *III.- NO VIVAN TRISTES (1Tes 4,13-18).* Ante el tema de la venida del Señor (2,19), surge en la comunidad cristiana una inquietud ¿que pasará con los que han muerto, cuando venga el Señor? San Pablo nos invita a no vivir tristes como los que no tienen esperanza, pues conocemos a Cristo y sabemos que Él murió y resucitó y que vendrá y que nosotros, los que han muerto y los que estén vivos, todos iremos a su encuentro y estaremos siempre con Él. *Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez* .


















