PSIC. GENOVEVA MUÑOZ ALVAREZ MASTER EN EDUCACION Y TERAPIA FAMILIAR
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Todo niño sano juega, todo niño sano es inquieto, todo niño sano requiere estar en movimiento. La infancia es el periodo que abarca los primeros años de vida, los primeros pasos, las primeras comidas, los primeros amigos, los primeros aprendizajes, los primeros lazos afectivos, las primeras rabietas, los primeros llantos, los primeros enojos, los primeros miedos, los primeros desarrollos del pensamiento, las primeras asociaciones, las primeras conclusiones, las primeras ideas, el primer contacto del individuo con su entorno, con su familia, con otros individuos, en ella se aprenden las bases que permitirán al ser humano sobrevivir no solo de manera independiente y económica, sino de manera social, física, psicológica y afectivamente.
El infante comienza a conocer el mundo poco a poco y para lograr sentirse seguro del mismo requiere explorarlo, conocerlo, tener la garantía de que nada desagradable le pasará en contacto con el mismo. Es por ello que la primera impresión sí cuenta mucho para él. Con el propósito de garantizar esto el pequeño brinca, salta, camina, toca todo lo que va conociendo, agarra todo lo que le llama la atención, trata de armar y desarmar las cosas que descubre (aunque para los padres está destruyendo las cosas, para sí está generando un aprendizaje y desarrollando confianza en sí mismo y en su entorno), sube, baja, pone, quita, mete, saca, tira, recoge, jala, empuja, se para, se sienta; está explorando lo que puede hacer con su cuerpo, con sus piernas, con sus manos, con sus brazos, con su boca, con sus ojos, para después o al mismo tiempo comprender cómo su cuerpo influye en los objetos, la roca, la arena, el agua, el juguete, el animalito; y en los sujetos, el hermanito, el amiguito, papá o mamá, incluso él mismo.
Muchos padres podrán pensar que eso lo hace a cada rato y cuestionarse -¿Cuándo terminará de aprender?, – ¿cuándo se quedará quieto?, la respuesta es simple: nunca dejará de aprender y nunca se quedará quieto, pues cuando lo haga habrá cubierto toda su capacidad de exploración y aprendizaje.
Muchos entonces dirán que sus hijos lo han hecho, que se han quedado quietos y siguen aprendiendo, que se han quedados quietos y siguen explorando y la respuesta es: sí, pero su quietud es sinónimo de la limitación que se les ha impuesto. Los padres en el afán de creer que su propósito en la vida es tener niños tranquilos, quietos y obedientes, a lo que le llaman educación, lo que logran son niños temerosos, inseguros y con dificultades de adaptación, de asimilación de sus emociones, pensamientos y de su propio cuerpo.
Entonces, ¿qué es mejor?, ¿quietos o inquietos?, ¿tranquilos o intranquilos?, ¿serios o sonrientes todo el tiempo?, lo mejor es enseñar al niño a explorar con responsabilidad, a aprender con responsabilidad, a jugar con responsabilidad, a brincar, a saltar, a subir, a bajar, a correr, a jugar, a divertirse, a bromear, a sentir, a decir, a pensar, a hacer todo con responsabilidad. Ese es la verdadera educación.
La responsabilidad no es tomar conciencia de lo que se tiene que hacer, imagina a un niño pequeño tomando conciencia, cuando el padre ni siquiera la conoce. La responsabilidad para el niño será asumir las consecuencias de sus actos y por ahí empezará la conciencia antes mencionada. Papá, mamá, maestros, es un proceso, no arte de magia; es un ensayo y error constante, no un aprendizaje único e irrepetible.
Ser responsable será entonces, dar la mejor respuesta que pueda dar ese niño en ese momento de vida y la labor de los adultos serán, guiar dicha respuesta para que cada vez sea más completa, más optima, mejor, más responsable. Es necesario mencionar que como todo aprendizaje, el ejemplo lo facilita mucho. Es decir, si el pequeño ve a un padre actuar de manera responsable, dando la respuesta mejor que pueda dar cada ocasión en su vida, ese niño aprenderá a realizarlo sin mayor esfuerzo. Ya lo dice la frase: el ejemplo vale más que mil palabras.
La infancia es una etapa crucial del ser humano, porque en la sana medida que se le permita explorar el mundo, se explora a sí mismo y confía tanto en el mundo como en sí. Esto es, si se le permite explorar sin miedo, aprenderá a actuar sin miedo; si se le permite aprender sin miedo, actuará confiado, se sentirá seguro. Y qué mejor que individuos confiados, confiables, responsables, seguros.
Todo lo anterior, para comprender que un niño sano es un niño en movimiento, y que ese movimiento le permite el aprendizaje. Ahora bien, el desarrollo del pensamiento del niño no es en nada el parecido al adulto, o no debería serlo, aunque aparte de limitar a los niños a ser tranquilos y no explorar, también se les obliga a pensar como adultos y no como niños, obviamente, esto no será posible, sólo se confundirá al menor, se hará ideas erróneas en su cabeza que creerá verdaderas posiblemente hasta su vida adulta si no se atreve a explorarlas nuevamente.
Un infante, es un infantil, tampoco puede actuar como mayor, está en aprendizaje y los adultos a su alrededor están para enseñarle cómo, poco a poco, paso a paso, al ritmo del niño y no del grande.
El menor tiene como característica principal lo inquieto, su capacidad de exploración, aprendizaje y su FANTASÍA (proceso mental que le toca de acuerdo a su edad, soñar, fantasear, creer en todo lo que se le diga sin comprender si es posible o no lo es, si es real o irreal), y haciendo uso de dichas habilidades es que se divierte, se alegra, sonríe y vive.
De ninguna manera te sentarás con tu pequeño y le darás cátedras y cátedras de cómo debe comportarse, de cómo debe pensar, de cómo enfrentar la vida, de cómo resolver, de cómo afrontar los problemas, de cómo ser responsable, de cómo dar la mejor respuesta que se pueda dar en ese momento de vida, de cómo debe sentir, de cómo aprender a manejar sus emociones, de cómo hablar de lo que piensa y siente; no te puedes sentar con tu hijo menor y hablar por horas de cómo es la vida, NO.
¿Entonces cómo? Jugando. El juego es toda actividad que genera diversión en el pequeño y a través de éste le es posible explorar el mundo, explorarse a sí mismo en diversos contextos, explorar a otros, aprender y fantasear, todo en uno. Es el idioma perfecto para hablarle a los niños, aunque pareciera tan sencillo es también complicado a la vez, no para él sino para el adulto. Si el mayor desea brindar un aprendizaje al
pequeño, tiene la responsabilidad de buscar, identificar el juego idóneo para que eso que busca enseñar pueda ser comprendido, asimilado y aprendido por el menor.
Eh aquí la necesidad de identificar la importancia del juego en los niños, su utilidad, para qué sirve, qué tipo de juegos son los mejores y porqué, cuáles se deben evitar y cómo perjudican, y recomendaciones para cambiar malos hábitos de juego.
Continuará…
Recuerde que buscar ayuda a tiempo reduce mucho sufrimiento, y que ante el sufrimiento buscar ayuda es mejor opción.


















