Nombre del pecador(a): tiachio
Cargo: No se sabe (aunque a veces parece vocera de la FGR y otras, analista de La Rosa de Guadalupe)
Pecado confesado: Verbalización milagrosa sin pruebas, invocación de la “zanahoria” como metáfora de inteligencia criminal.
Padre que escucha la confesión: Pueblo de Veracruz, cansado pero paciente.
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—“Perdón pueblo mío, porque aunque no sé mucho, opino de todo.”
Hija política del centralismo místico, LATIACHIO subió al púlpito de la conferencia de prensa como quien lleva en la bolsa la verdad, la justicia y los boletos del tren interoceánico.
“¡Yo acuso!”, dijo, como moderna Sor Juana justiciera, “a ese generador de violencia, salido de la cárcel por arte de magia procesal o tal vez por madruguete institucional.”
Confesó con rostro de yo sólo pasaba por aquí, que la balacera en Coatzacoalcos fue obra de un ente ya conocido, con nombre de ficha roja y aroma a expediente judicial, pero que —según ella— fue liberado como si saliera de paseo por el malecón.
“¡Ese es el problema!” exclamó, y todos asentimos como quien escucha a la tía que descubre el hilo negro de la impunidad.
Ah, pero LATIACHIO no se detuvo. Reveló que la FGR operó sin avisar (ni a la tiendita de la esquina), porque la estrategia es ahora secreta-secreta, tipo misión imposible, pero sin Tom Cruise y con más balas que lógica.
“No avisaron a nadie”, repitió, como mantra preventivo por si las cosas salían mal.
Y sí, salieron mal.
La guinda del pastel la puso al decir que el grupo armado “andaba financiando campañas”, sin decir cuáles, cómo, ni con qué pruebas, pero con una contundencia que haría sonrojar al propio Maquiavelo.
Y como epílogo espiritual, nos dejó una perla de horticultura política:
“Aunque se vistan de zanahoria, zanahoria se quedan.”
Frase que, desde ya, debería ser bordada en punto de cruz en cada oficina del gobierno estatal.
Penitencia recomendada:
• Tres conferencias menos por semana.
• Un curso exprés de debido proceso y respeto a las instituciones.
• Y repetir 100 veces frente al espejo: “La seguridad no se resuelve con slogans ni con metáforas vegetales.”



















