YO ACÚSEME, GOBERNADORA…
Yo acúseme de creer que las encuestas no importaban… hasta que dolieron.
Acúseme de mirar los números y descubrir que la realidad no se maquilla con discursos: muy por debajo, incluso por debajo de Sergio Gutiérrez Luna… cayendo más allá del lugar 32, como si no existiera piso más bajo.
Yo acúseme de convertir cada visita a Coatzacoalcos en un “baño de pueblo”… que termina oliendo más a crisis que a cercanía.
Porque aquí, cada anuncio no levanta esperanza: levanta polvo, miedo… y a veces tragedias.
Acúseme de minimizar lo evidente:
de llamar “gotitas” a la contaminación de hidrocarburos,
de buscar culpables cómodos —un barco, el pasado, Enrique Peña Nieto— antes que asumir responsabilidades presentes.
Acúseme también de haberle fallado a la verdad:
de decir que la tortuga murió de vieja,
que el delfín murió de un infarto…
como si la naturaleza también pudiera firmar actas de defunción a modo.
Acúseme de andar más ocupado en rituales que en resultados,
de buscar limpias y sahumerios en honor a Quetzali,
como si el humo pudiera borrar la realidad…
y descubrir que todo se revierte… pero para mal.
Acúseme también del enojo que no se contiene:
del colaborador al que le robaron más de quinientos mil pesos,
dinero que —dicen— era “para las propinas”,
como si la indignación no creciera más rápido que cualquier versión oficial.
Acúseme de algo más grave:
de repetir una mentira hasta que la realidad la desmintió.
Acúseme de que Rocío Nahle mintió…
porque el derrame de petróleo sí es culpa de Pemex.
La contaminación de las playas… sí es culpa de Pemex.
La mortandad de delfines, tortugas y peces… también.
No fueron “gotitas” ni “trazas”.
Fueron cientos de toneladas de petróleo llegando a las costas.
Un oleoducto entre plataformas en la Sonda de Campeche…
y un silencio que duró más de lo que debía.
Acúseme de guardar silencio cuando se debía informar,
de ocultar la magnitud mientras la marea negra avanzaba,
de permitir que la narrativa oficial pesara más que la evidencia.
Acúseme también de la irresponsabilidad:
mientras se denunciaba el ecocidio,
mientras ambientalistas advertían riesgos a la salud,
se invitaba a la gente a meterse al mar…
como si la verdad no flotara también sobre el agua.
Y mientras tanto, junto a Claudia Sheinbaum,
se sostuvo una versión que terminó cayéndose sola.
Yo acúseme, Gobernadora,
de creer que la narrativa podía más que la realidad.
Pero la realidad insiste…
y en Veracruz ya no se oculta con discursos,
se ve, se huele… y se padece.
Y eso —aunque incomode—
ya no hay versión oficial que lo tape.


















